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sábado, 19 de diciembre de 2009

Marwan Barghuti es la esperanza

Ante la imposibilidad de encontrar un sustituto que abandere la causa palestina, la OLP se ha visto obligada a renovar a Mahmud Abbas por otros 6 meses como líder de Palestina, y de momento quedan en suspenso las elecciones que supuestamente deberían de haberse celebrado en enero de 2010. Las elecciones anteriores, de enero de 2006, supusieron una gran victoria para Hamás, y desencadenaron el bloqueo internacional a Palestina. En definitiva, fueron una prueba más de que el mundo occidental sólo es demócrata cuando gana la candidatura a la que apoyan económicamente y la que mejor protegerá los intereses europeos y estadounidenses.

Tras la decepción de 2006, en la que no se dejó gobernar a Hamás, ya que Israel detuvo reiteradamente a los ministros que iban nombrando, la formación islámica no reconoce ahora a Mahmud Abbas como líder legítimo y no parece muy predispuesta a alcanzar con él acuerdo alguno. Es necesario un nuevo líder palestino que sepa reconciliar a las diferentes facciones más o menos religiosas, y que defienda con firmeza al Estado Palestino en los foros internacionales, en lugar de corromperse por la comodidad de los hoteles y restaurantes occidentales.

La persona indicada es Marwan Barghuti. Pertenece a una facción del Al Fatah que se muestra disconforme con la política de parálisis que están llevando a cabo los actuales líderes, como Abbas, y que busca la unidad de todas las facciones palestinas. Barghuti tuvo un papel destacado en la primera y segunda Intifada, así como en las negociaciones para la reconciliación entre Hamás y Al Fatah. Cuenta con altos índices de popularidad entre la población palestina y sería el presidente de conciliación que necesita el Estado Palestino. Sólo hay un escollo que salvar: Barghuti fue detenido ilegalmente -es decir, SECUESTRADO- en el año 2002 por Israel y aún está en la cárcel. En Palestina han tenido lugar decenas de campañas de ciudadanos de todas las tendencias, denunciando la ilegalidad del encarcelamiento y reclamando la inmediata liberación de Barghuti, pero de momento no han dado resultado.
No importa que Israel no tenga soberanía para juzgarlo y que exija a España que limite su jurisdicción universal. Como puede observarse, la jurisdicción universal sólo es condenada cuando se ejerce contra Israel, pero nunca si eso permite encarcelar a ciudadanos de otros pueblos, como Barghuti.

Lejos de ser un radical o un terrorista, Barghuti es un firme defensor de la liberación de Palestina y de la convivencia con Israel. Su pensamiento queda reflejado perfectamente en estas declaraciones que recoge el Washington Post: "A la par que me opongo fuertemente a los ataques a civiles en Israel, nuestro futuro vecino, me reservo el derecho a protegerme para resistir a la ocupación israelí de mi país y para luchar por mi libertad" "No soy un terrorista, pero tampoco un pacifista. Simplemente soy una persona normal de la calle palestina, que defiende todo lo que ha defendido siempre cualquier persona oprimida: el derecho a ayudarme a mí mismo, ya que no tengo ayuda de nadie más".

Hoy aparece en algunos periódicos la noticia de que Alemania está mediando en las negociaciones entre Israel y Palestina para que se libere a Marwan Barghuti a cambio de Gilad Shalit, en el plazo de dos o tres semanas. De producirse este hecho, Abbas podría tener al fin un sustituto aceptado por todas las facciones de Al Fatah y por la propia Hamás, que negociase en nombre de todos los palestinos con Barack Obama y la Unión Europea, para que por fin Palestina pueda acudir a la ONU a solicitar su entrada en la organización como miembro de pleno derecho.

Querido lector, no olvide el nombre de Barghuti, pues puede ser la llave que abra las puertas de la paz y el fin de la ocupación. Para ello hemos de apoyar la campaña para que termine su secuestro y sea liberado, así como presionar en Europa para que la causa palestina no caiga en el olvido. Sin embargo, también hay que preocuparse por comprar los regalos navideños, que es más importante. Mejor olvídese de los problemas de Oriente Medio, que son muy complejos y de difícil solución, y disfrute del café.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Diccionario de la ocupación

El lenguaje juega un papel clave en el problema palestino. La maquinaria publicitaria israelí ha sabido modular los términos de tal forma que parece un conflicto entre democracia judía y totalitarismo árabe, entre estado de derecho y banda terrorista. Es el momento de clarificar algunos términos:

* Antisemitismo: doctrina que desprecia la raza hebrea. Fue cobrando importancia a lo largo de la historia, y tuvo su culminación en las políticas de la Alemania nazi. El antisemitismo desprecia a todo hebreo, independientemente de su ideología, creencias, sexo o edad, tan sólo por el mero hecho de pertenecer a una raza determinada. Por lo tanto, el antisemitismo es una variable del racismo y la xenofobia, que debe ser condenada por todo aquel que se encuentre en su sano juicio, y que hoy sólo es sostenida en España por los nostálgicos del franquismo.

* Antisionismo: el sionismo, según la RAE, es la aspiración de los judíos a recobrar Palestina como patria, así como el movimiento internacional de los judíos para lograr esta aspiración. El visionario del sionismo moderno fue Theodor Herzl, quien dudaba entre crear el Estado de Israel en Uganda, Argentina o Palestina. El gran problema del sionismo es que pretende que un pueblo se establezca donde ya hay otro viviendo, y por lo tanto, supone implícitamente la expulsión del diferente. En nombre del sionismo se han cometido cientos de violaciones del derecho internacional y se han asesinado a miles de palestinos. El sionismo es la ideología subyacente a la ocupación de Palestina; no tiene nada que ver con el semitismo, que sería la mera pertenencia a la raza hebrea. El antisionista no rechaza a todos los judíos del mundo, sino que está en contra de que un pueblo, en este caso el israelí, ocupe ilegalmente y por la fuerza un territorio que no le pertenece.

* Genocidio: es el exterminio o eliminación sistemática de un grupo social, por motivos de raza, etnia, religión, política o nacionalidad. A lo largo de la Historia, ha habido muchos, desde el de los hugonotes en la noche de San Bartolomé, en Francia, el Holocausto, el armenio o el ruandés, al del pueblo palestino, que lleva 60 años sufriendo discriminación, violencia y apartheid.

* Ocupación: situación en la que actualmente se encuentra el Estado Palestino. Hay quienes consideran que Israel no tiene derecho a ningún territorio de Palestina, ya que se asentó allí por la fuerza, mientras que la postura mayoritaria llamaría ocupación a la presencia israelí de colonos y tropas más allá de las fronteras previas a la guerra de 1967.

* Teocracia: es aquel régimen político altamente influido por los poderes religiosos, y donde hay una clara identificación del poder político con una determinada religión. En la Ley de Retorno de Israel se otorga la nacionalidad israelí a todo aquel que profese la religión judía, lo que supone una clara discriminación en favor de una religión.
Los rabinos son escuchados por los políticos, y las leyes religiosas se convierten en derecho positivo y normas sociales, y como muestra, no hay más que observar la paralización del país los sábados. Por lo tanto, al igual que Irán o Arabia Saudí, Israel también es una teocracia.

* Terrorista: el aquel que impone la dominación medio del terror. Es susceptible de ser incluido en esta categoría conceptual, no sólo una persona, sino por supuesto, una banda armada o una organización más desarrollada, como un Estado. Por lo tanto, los colonos israelís, como Barruch Goldstein, son terroristas, al igual que lo es un estado que no duda en emplear la violencia contra los palestinos para perpetuar la ocupación. Cuando vuelva a hablarse de "lucha contra el terrorismo", si queremos ser justos, debería incluirse en esa agenda la lucha contra los colonos y contra el Estado de Israel.

Querido lector, no se moleste en conocer el verdadero significado de las palabras que los periódicos emplean a diario. Es más fácil seguir creyendo que hay buenos y malos, demócratas y terroristas...Continúe con su vivir acrítico y así le resultará más dulce el café

martes, 1 de diciembre de 2009

Licencia para matar

En el reciente libro "El pentateuco del rey" (Torat ha-Melej), compilación de fragmentos de la Biblia y el Talmud, comentados por dos célebres rabinos, "se justifica que un judío mate a los gentiles (no judíos) si sospechan que cuando crezcan serán malvados." Se permite causar un daño a los no judíos si es para evitar la maldad. Asimismo, se afirma que la vida de un judío es mucho más valiosa que la de alguien de cualquier otra raza.


Este tratado religioso ha sido escrito por dos rabinos, profesores de escuelas religiosas, uno en una colonia ilegal cerca de Nablús y el otro en Merkaz ha-Rav. Sus centros de enseñanza reciben generosas ayudas públicas y gozan de un programa de becas para quienes decidan estudiar allí, sin importar que se encuentren en un territorio que pertenece a otro Estado, el Palestino.

Lo que aquí vemos no es otra cosa que la doctrina de la "guerra preventiva" que en su día promovió George W. Bush y que ahora en Israel ha sido disfrazada con tintes religiosos. Su tesis principal es: mejor matarlos a todos ahora, antes de que uno de ellos pueda convertirse en terroristas.

Para la paz, lo esencial es la educación. Si los niños de Israel crecen bajo las enseñanzas de quienes abogan por matar al contrario por no pertenecer a la misma raza que uno mismo, la ocupación y la violencia persistirán. Si el odio es inyectado tan pronto, los hijos de los colonos serán aún más radicales y agresivos. Por eso, y por el cumplimiento de la declaración universal de derechos humanos, es preciso que el Estado israelí retire todas las ayudas públicas a estas escuelas, y si no lo hace, que se establezca un bloqueo internacional sobre Israel. Obama no puede seguir subvencionando este tipo de escuelas de racismo y odio.

Querido lector, quizás le interese saber que el libro salió a la venta por unos 5 euros al cambio, y se agotó en breves instantes. La sociedad israelí, por tanto, respalda las palabras de los rabinos más radicales. Dentro de Israel puede haber resistencia a la ocupación, pero no soluciones. Sin medidas internacionales, no habrá paz. De todos nosotros depende. Usted disfrute del café.

jueves, 26 de noviembre de 2009

La guerra del fútbol

Hace algunos años, alemanes y franceses, con el patrocinio de la FIFA, decidieron levantar un estadio de fútbol en el Bireh, a las afueras de Ramallah. Era un proyecto que se aprobó en 1981, autorizado por Israel. Su construcción efectiva no se llevó a cabo hasta 2008, cuando el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, puso la primera piedra. Acaba de ser terminado, y por fin la selección Palestina iba a poder disputar sus partidos oficiales en un estadio con capacidad para 8.000 personas.

Sin embargo, el Ministerio de defensa de Israel acaba de ordenarla demolición del estadio, porque sostiene que parte del mismo se encuentra en lo que desde los acuerdos de Oslo se conoce como "Zona C". En estos acuerdos, Cisjordania fue dividida en tres zonas, según el grado de control que se les otorgase a los palestinos, pero sin olvidar que tanto la Zona C como la A y la B están dentro del territorio palestino. Israel ha incumplido manifiestamente los acuerdos del Oslo, invadiendo la zona A cuando ha querido, y por lo tanto, éstos quedan ya sin validez, si tenemos en cuenta, por ejemplo, el artículo 60 de la Convención de Viena sobre el derecho de los tratados.

La verdadera razón que subyace tras esta repentina orden es evitar que la selección palestina de fútbol comience a disputar partidos en su propio estadio. Israel quiere jugar la Eurocopa y que los clubes israelís participen en las competiciones UEFA, y sin embargo niega a la selección palestina su derecho a jugar partidos como local.
No es ésta la primera vez que Israel actúa de esta forma. El 30 de marzo de 2006, el Estadio Nacional Palestino de fútbol, ubicado en Gaza, fue bombardeado por la aviación israelí, y tras ser reconstruido por la propia FIFA, el ejército israelí lo destruyó completamente en el mes de abril.

Dada la actual situación, quiero desde aquí pedir a todo el mundo que se movilice para que el estadio de Ramallah no sea derribado. No dejemos que los errores de la historia vuelvan a repetirse. Es preciso que la FIFA y la UEFA expulsen a Israel de todas las competiciones en las que participa hasta que no se revoque la orden de demolición del Estadio de Ramallah. En lugares ocupados, el fútbol se convierte en una gran pasión que libera temporalmente del sufrimiento. Por eso, la FIFA ha de actuar, en honor al fútbol y al fin de la ocupación.

Querido lector, usted no se preocupe por estas menudencias. Sé que la Champions League es más vistosa si juega el Macabbi Haifa, y que la Euroliga de baloncesto no sería lo mismo sin el Macabbi Tel Aviv. Por lo tanto, usted no se movilice, no envíe una carta de queja a la FIFA, porque a usted estas cosas no han de preocuparle. Síentese en el sofá, encienda la tele, y disfrute del fútbol mientras saborea un delicioso café.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Manual de destrucción y ocupación

Si quiere tener una casa en territorio palestino, y tiene usted la suerte de no ser musulmán, aquí le explicaremos cómo hacerlo.

PASO 1: Hay elegir el lugar a ocupar. Ha de ser un lugar estratégico, a poder ser en lo alto de una colina o por el que pasen grandes cantidades de aguas subterráneas. No es un problema que haya enemigos cerca, pues todo asentamiento viene con vigilancia incluida.

PASO 2: Consiste en que algún juez israelí decrete que las casas palestinas situadas en el lugar que usted ha elegido han de ser destruidas. Aquí hay varias modalidades: puede ser que el primer titular de la casa haya fallecido y que se haga pagar a los herederos el impuesto de sucesiones. Para ello necesitarían ir a cualquier oficina tributaria de Israel. Como son palestinos y tienen prohibida la entrada en Israel, no podrán ir a abonar esa cantidad, y por lo tanto la propiedad pasa a manos del Estado Israelí.

Otro modelo consiste en enviar un grupo de colonos a que ocupen la casa palestina cuando sus moradores no se encuentren en ella, y que la defiendan desde ese momento con las armas. Cuando llegue el juez, argumentarán que un antepasado suyo residió allí en tiempos bíblicos, y que por lo tanto tienen derecho a vivir allí. El juez israelí se acogerá a este razonamiento, demostrando que Israel es el único lugar del mundo donde se acepta la Biblia como título de propiedad válido. Esta variante es especialmente aconsejable en los territorios cercanos a Khalil -Hebrón-.

PASO 3: Tras la sentencia judicial, un bulldozer -preferentemente de la marca norteamericana Caterpillar- destruirá las casas palestinas de ese enclave. Puede que algún activista del Comité Israelí contra la Demolición de Casas trate de impedirlo, pero pronto serán disueltos por el ejército de Israel.

PASO 4: El cuarto paso es la declaración del Gobierno de Israel, de que ha decidido construir casas en un lugar en territorio palestino que actualmente se encuentra vacío. (Pulse aquí para ver un ejemplo) Por gentileza del Estado, se asfalta la zona, se le dota de alcantarillado e iluminación, así como una torreta se seguridad controlada por el propio Ejército.

PASO 5: Quien quiera vivir allí, ya sólo tendrá que pagar los materiales para su casa, y obtendrá la licencia de forma rápida y barata.

Querido lector, si piensa cambiar de casa, ha visto que ahora tiene una buena oportunidad para hacerlo. La foto que ve fue tomada este verano a las afueras de Belén. Como habrá podido intuir, se trata de una casa palestina recién destruida. (Paso 3) Si se da prisa, puede que llegue a tiempo para instalarse en el lugar. Hasta entonces, relájese y disfrute en su actual vivienda de un dulce café.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Un día para reflexionar

Hoy se cumplen 20 años desde la caída del muro de Berlín. El tono de celebración se adueñará de todas las portadas de los periódicos. Estoy de acuerdo en que el 11 de noviembre de 1989 es un día para recordar con alegría. Miles de berlineses pudieron reencontrarse con sus familiares, y cayó el infame hormigón que partía en dos la ciudad. Se terminó con el sufrimiento que supone estar separado por tan deleznable construcción, y por una vez, ganó el sentido común.

Sin embargo, hoy no deberíamos celebrar nada. Tras haber visto lo maravilloso que es vivir sin un muro que divida a las personas, no parecemos haber aprendido que todos aquellos que viven separados por un muro sufren, con independencia de su nacionalidad. Hemos seguido construyendo muros: en Melilla -España-, en la frontera norte de México -USA-, y cómo no, en Palestina - Israel-.

Por eso, me niego a celebrar nada hasta que el pueblo palestino deje de vivir en un ghetto, aislado por un muro construido en un 80% en territorio palestino, y condenado por la Corte Internacional de Justicia. Miles de kilómetros de separación, hormigón, alambrada, torres de vigilancia, miles de soldados, palestinos asesinados casi semanalmente por manifestarse cada viernes de forma pacífica contra la barrera de la vergüenza, campesinos separados de sus tierras, familias divididas, árboles destrozados... Todo ello con una finalidad encubierta: la conquista de Palestina, que Israel está llevando a cabo, bajo el lema "abarcar el mayor terreno posible, con el menor número de palestinos posible".

Querido lector, a pesar de que Israel vulnera el derecho internacional y los principios morales más básicos, no deje que la culpa le invada. Usted ya hizo bastante en su día, manifestándose contra el comunismo y el muro de Berlín. El muro de Palestina que lo tiren otros, si acaso. Y que otros celebren los 20 años de su caída. Usted festeje este aniversario que hoy se nos presenta y disfrute del café.

lunes, 26 de octubre de 2009

La conquista de Al-Quds

15 de julio, verano de 2009. Día seco y caluroso, como era de esperar. Aquella mañana teníamos una cita con Meir Margalit, concejal por Meretz del Ayuntamiento de Jerusalén, quien nos hizo un tour por la Ciudad Vieja de Al-Quds (Jerusalén), para que viéramos cómo los israelís están asentándose en las casas de la zona árabe.

Su plan es que cuando se negocie la paz,Al Quds quede dividida en una parte palestina y otra israelí, en función de la población mayoritaria que viva en cada barrio. A priori parece justo, pero si se alteras las condiciones previamente, no lo es. La ecuación es sencilla: cuantos más barrios se ocupen antes del reparto, más terreno le tocará a Israel.

Entramos por la imponente puerta de Damasco, atestada de vendedores de pan de pita y pasteles, y bajamos en dirección al camino del Via Crucis y al Hospicio Austríaco. De repente, un señor alto y esbelto, negro de piel y que vestía un polo de rayas, viene corriendo hacia nosotros, en busca de Meir. Su rostro delataba una preocupación difícil de sospechar en una persona ya madura, curtida a base de sobrevivir a los cientos de episodios trágicos que la ocupación israelí brinda a cualquier habitante de la zona.

Aquel hombre resultó ser el director de un centro social para el desarrollo de la comunidad africana, situado en un pequeño local de la ciudad vieja. Su misión consiste en dar ayuda material, moral y legal a la minoría africana que reside en Al Quds. Tras muchos años realizando una gran labor social, aquella mañana, al ir a abrir el local, se encontró con soldados y policías israelís en la puerta. Le dijeron que el centro social quedaba clausurado y confiscado hasta nueva orden.

Sin saber muy bien qué hacer para solucionar el embrollo, y siendo consciente de las altas posibilidades de pasar el resto de sus días en la cárcel si rechistaba, optó por llamar a Meir; cuando se enteró de que estaba en la ciudad vieja con nosotros, vino corriendo a buscarlo.

Nada más conocer la noticia, apretamos el paso en dirección al centro social, y nos topamos de frente con los soldados israelís. Haciendo gala de la arrogancia ilimitada de quien se sabe con las armas bien cargadas en su cinto, un policía israelí echaba lentamente el humo de su cigarro en la cara de uno de los que osó interponerse entre él y la puerta del local. Meir se acercó en busca de explicaciones y los soldados no tuvieron más remedio que llamar a sus superiores, en busca de razones para justificar la clausura.

Tras varias llamadas y unos tensos minutos de espera, llegó por fin el motivo: al parecer, se habían pinchado los teléfonos del centro social, y se había detectado una llamada a territorios palestinos. Esto era considerado una actividad ilegal por el Gobierno israelí, por mucho que se justificase el director, diciendo que era habitual en este tipo de centros, establecer contactos con centros sociales palestinos para hablar de la gestión y la coordinación entre los distintos centros. La respuesta no les valió.

El lugar quedó clausurado, y cada uno se fue a su casa (al menos todo aquel que todavía la tuviera). Recuerdo a los chavales africanos, de unos 20 años, agradeciéndo a Meir, e incluso a nosotros, la intervención en su favor, a pesar de que de nada había valido. Es digno de reconocer el detalle, y más aún en esa situación, recién perdido el local en torno al que había girado sus vidas esos últimos años.

Querido lector, por desgracia esto no es algo excepcional. Cada día que pasa, la injusticia avanza por Al Quds, ocupándolo todo. ¿Seguiremos premitiendo que aquellas esquinas de la ciudad en que aún queda dignidad humana también sucumban a la indiscutible superioridad de quien tiene las armas? Seguro que sí lo permitiremos, ¿por qué íbamos a cambiar ahora de actitud? Feliz café.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Territorio dividido

Contra lo que se suele pensar, el territorio que aparece en los mapas con la denominación "Cisjordania" no es de dominio palestino enteramente. Desde los acuerdos de Oslo, el espacio quedó dividido provisionalmente en tres zonas, según el grado de control palestino.

La zona A implica control militar y legislativo palestino. Se da en los centros de las principales ciudades, como Ramallah o Nablus, y en teoría, los soldados israelís no pueden entrar.
Por supuesto, esto es violado cada noche en Nablus, donde los soldados entran de 00:00 a 6:00, y lo fue también cuando
el ejército israelí asaltó la Muqata de Arafat en pleno centro de la ciudad de Ramallah. Como la seguridad está a cargo de los palestinos, cuando uno entra en la zona A se encuentra con unos carteles rojos, advirtiendo de la peligrosidad de internarse en esas áreas. Además, prohibe a sus ciudadanos la entrada. En el mapa aparecen en color marrón oscuro.

En la zona B la Autoridad Nacional Palestina tiene competencias legislativas, pero es Israel quien ejecuta las leyes y se reserva el control policial sobre ese terreno. Se da sobre todo alrededor de las ciudades. En esta zona abundan los checkpoints, lo que hace que los palestinos no puedan circular libremente entre una zona A y otra, es decir, entre sus principales ciudades.

Por último, la zona C, es de exclusivo control israelí, tanto legislativo como militar, por lo que los palestinos viven a merced de las leyes israelís y del humor que sus soldados tengan ese día. Es la zona más extensa, y en algunos sitios permiten el libre comercio de drogas, para tener a los palestinos adormilados.

Además, la ciudad más poblada de Cisjordania, Khalil -Hebrón-, que entraría dentro de la zona A, queda dividida en dos zonas: H1 y H2, siendo una de control militar y civil palestino, y otra de absoluto control israelí. En esta última, tiene lugar algo sin precedentes en la historia: ¡hay casi nueve soldados israelís para proteger a cada colono! En concreto, los 450 colonos de Hebrón están protegidos por ¡4000 soldados!

En los acuerdos de Taba, (1995), se acordó la retirada israelí de las zonas B y C para 1997. En Wye River (1998), Netanyahu prometió ese mismo repliegue, pero en dos fases. Por último, en Charm el Cheij, (1999) Ehud Barack se comprometió a que los soldados abandonaran el territorio ocupado de forma gradual, esta vez en tres fases. Años después, la realidad muestra que ni un solo soldado se ha retirado de Cisjordania, y el número de colonos se ha disparado.

Querido lector, no pulse en el mapa, pues se ampliará, y podrá ver con más detalle hasta dónde llegan los asentamientos israelís, verá cuán reducida es la zona A y cuán extensa la C, y podrá comprobar cómo el muro está casi enteramente construido en territorio palestino. Si tuviera más ansias de saber, si conociera la verdad, correría el riesgo de no poder evadirse de los problemas del mundo, y no queremos eso. Mejor déjelo ahora que aún no es tarde, y disfrute de su café.

viernes, 9 de octubre de 2009

Islamismo, Integrismo y lucha palestina

Querido lector, hé aquí un pequeño texto para que reflexione este fin de semana a la hora del café. Quien habla, es un palestino que charla con un doctor de origen árabe que vive en Israel:

"Un islamista es un militante político. Su única ambición es instaurar un Estado teocrático en su país y gozar plenamente de su soberanía y su independencia... Por su parte, un integrista es un yihadista radical. No cree en la soberanía de los Estados musulmanes ni en su autonomía. Para él, son Estados vasallos destinados a disolverse en un solo califato. Porque el integrista sueña con una umma -comunidad de creyentes- indivisible que se extiende desde Indonesia hasta Marruecos para, de no conseguir convertir Occidente al Islam, avasallarlo o destruirlo... Nosotros (los palestinos) no somos islamistas ni integristas. Sólo somos los hijos de un pueblo expoliado y humillado que luchan con los medios de que disponen para recuperar su patria y su dignidad, ni más ni menos." ("El atentado", Yasmina Khadra, pág. 168)

domingo, 20 de septiembre de 2009

"El mar"

Surqui es un niño de 7 años, que vive con su hermana Aisha y sus padres en la localidad palestina de Al-Aqaba -región de Tubas-, al noreste del país. A juzgar por la casa medio rota y llena de humedades, se trata de una familia humilde.

Surqui siempre ha querido ser capitán de barco. Quizás sea porque le gustan los uniformes de los soldados que ve, pero no la violencia. O puede que sea el amor a la libertad que da la amplitud del mar. ¿Quién mejor para amar la libertad, que una familia que lleva viviendo sin ella 42 años?

Surqui conoce "el mar" a la perfección. Jamás se ahoga, y no tiene problemas para meter la cabeza debajo del agua y abrir los ojos para explorar el fondo. Intenta que su hermana también se bañe con él, pero Aisha siempre termina llorando y deseando salir. De momento, Surqui sólo puede tener barcos de plástico, debido a que "el mar" es poco profundo, y los barcos grandes se encallarían.

Al recibirnos, el padre de Surqui nos enseña el título de propiedad de su casa, que tantas veces le han rechazado las autoridades israelís. Y es que en 1967, Israel decidió establecer en Al-Aqaba una zona de entrenamiento militar, por lo que sus habitantes viven literalmente encerrados en el pueblo. Se trata del único pueblo palestino en el que todas las casas tienen una orden de demolición por parte de Israel. No les vale ningún título ni registro. Israel se ha propuesto crear una zona militarizada en pleno corazón de Palestina. Una vez más, la legalidad es irrelevante para quien se sabe en posesión de la fuerza.

Unas 300 personas, entre ellas la familia de Surqui, aún resisten al asedio diario de Israel. El aspecto físico de Surqui, como el de la mayoría de personas que encontré en Al-Aqaba, es de gran contraste. Por un lado, sus ropas deshilachadas y sucias revelan las penurias materiales que están atravesando, cercados por el ejército y olvidados por su gobierno y por el mundo. Sin embargo, al explorar en sus ojos, encontré en todos ellos la mirada digna y limpia de quien se sabe víctima de una injusticia, y aún asi sigue haciendo lo correcto, usando la resistencia pacífica como único arma.

PD. "El mar" es el nombre que da su padre a la bañera de su casa, donde Surqui chapotea cuando hay agua corriente en el pueblo. La realidad, es que Surqui vive a pocos kilómetros del mar, pero nunca ha podido estar allí. En los días claros, quizás pueda encaramarse a alguna colina cercana y adivinar, a lo lejos, el surco que alberga las aguas del Mar Muerto. Pero los controles militares le impiden acercarse más, sentir esa curiosa mezcla de agua y sal en su piel, y sobre todo navegar.

Querido lector, la realidad no es agradable. Menos mal que la fantasía es un efectivo disfraz contra la tragedia, que hace más liviano el peso de su conciencia. Espero que esté disfrutando de un fin de semana apacible en un enclave cualquiera de las costas españolas, y que los sudokus que haga en su tumbona le permitan olvidarse de la mirada sincera de Surqui. Especialmente hoy, eche mucho azúcar en su café para le endulce lo que queda de fin de semana.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Israel, promotor de colonos

Uno de los argumentos más usados por el lobby israelí en Occidente para liberarse de la culpa de la ocupación de Palestina, consiste en decir que la colonización la llevan a cabo individuos particulares, -los colonos- y que el Estado israelí no es quién para decir a sus ciudadanos dónde tienen que vivir. Esto es absolutamente FALSO.
No sólo reconoce Israel todos los asentamientos de Al-Quds y Cisjordania, y les otorga a los colonos plenos derechos políticos, sino que fomenta activamente el establecimiento de colonos. Como se puede ver en la foto, que tomé el pasado mes de Julio en las cercanías de la ciudad palestina de Baitlaham -Belén-, el Estado Israelí es quien pavimenta las colinas palestinas, les dota de accesos por carretera, alza una torre de vigilancia donde se emplean soldados del ejército israelí, proporciona acceso al agua corriente que roban a los palestinos y pone farolas por todo el asentamiento para que los futuros habitantes se animen a asentarse en los enclaves estratégicos que interese ocupar.

Sólo entonces, cuando esa inhóspita colina semidesértica queda transformada en lo que llamaríamos "suelo urbanizable", optan los colonos establecerse en un territorio.

Con la excepción de los ultraortodoxos de Khalil -Hebrón- y de algunos otros lugares cercanos a edificios bíblicos, que van a vivir a Palestina por razones religioso-políticas, los colonos suelen ser gente de clase media-baja que emigra a los asentamientos movida por las condiciones económicas extremadamente favorables que el Estado de Israel crea para los habitantes de los asentamientos. No tienen que preocuparse por las facturas de la luz ni del agua, ni siquiera por su seguridad. Su único gasto es pagarse la construcción de la casa donde vivirán, -y no siempre-. Saben que están siendo instrumentalizados por el Estado de Israel como carne de conquista, pero su visión ciertamente materialista de la vida, les hace indiferentes ante la barbarie.

Querido lector, espero que esta realidad le invite a reflexionar. No sobre la injusticia en la que vive el pueblo palestino, quien cada día pierde una parte de su territorio a manos de Israel y sus colonos, sino a darse cuenta de que un colono vive mejor que usted, y demandar al Gobierno español que pavimente las colinas portuguesas para que pueda establecer allí su segunda o tercera vivienda, y disfrutar en el jardín de un delicioso y azucarado café.

viernes, 11 de septiembre de 2009

La ocupación del agua en Cisjordania


En el territorio conocido como Cisjordania, ("West Bank" en inglés) al este de Israel y de soberanía palestina, viven 450.000 colonos. Se estima que unos 200.000 habitan en la ciudad palestina de Al-Quds (Jerusalén) y otros 250.000 en diferentes asentamientos ilegales cercanos a ciudades palestinas importantes como Baitlaham (Belén) y Khalil (Hebrón) o en lugares estratégicos como Ariel, el mayor acuífero de todo Cisjordania.

Y es que es acceso al agua en una región se tan pocas lluvias, está limitado a dos fuentes principales: los ríos y las aguas subterráneas de los acuíferos. Invocando los títulos de propiedad, basándose en un libro de ciencia ficción escrito hace muchos años, -la Biblia-, Israel se ha hecho con el dominio efectivo de la margen occidental del único gran río de la zona, el Jordán, que queda en territorio de soberanía palestina. Por lo que se refiere a las aguas subterráneas, en el acuífero más grande de Cisjordania, Ariel, se establecieron ilegalmente los colonos judíos en 1978, y desde entonces la ciudad se ha convertido en un enclave estratégico que sirve para dejar sin agua a la población palestina.

En temas donde la objetividad es difícil de lograr, es mejor dejar hablar a los números. Un colono israelí en Cisjordania consume un promedio de 620 metros cúbicos de agua al año, frente a los menos de 100 metros cúbicos que le tocan a cada palestino. Es decir, que cada israelí que vive ilegalmente en territorio ocupado goza de entre 6 y 7 veces más cantidad de agua que aquellos a quienes está despojando de su hogar.

No es casual que al cruzar Cisjordania por carretera, se vean constantemente grifos cercados por alambradas y a veces custodiados por soldados israelís, para evitar que los palestinos desesperados no puedan calmar su sed. Hasta en Ramallah, hay muchas viviendas que sólo tienen agua 2 horas al día, y los cortes de agua son constantes y dependientes de la voluntad de los gobernantes de Israel. Sólo cuando llueve, los depósitos de agua de lluvia que forman parte indispensable de los tejados de las casas palestinas, permiten cierta seguridad en el consumo de agua.

Resulta indignante ver cómo en los lujosos ressorts israelís del Mar Muerto, construidos en zona palestina ocupada, se derrocha agua con liberalidad, mientras que a menos de 10 kilómetros, las aldeas palestinas no tienen acceso al agua corriente y las cosechas no pueden ser regadas.

Esta ocupación del agua es una de las distintas políticas llevadas a cabo por el gobierno israelí para asediar a los más de 2 millones de palestinos de Cisjordania, hacer su vida diaria un poco más difícil, y lograr así que emigren, que mueran de sed y hambre, que sus cosechas no salgan adelante, y que el sueño del gran Israel deje de serlo, para convertirse en realidad.

Querido y bondadoso lector, encienda el grifo de su cocina, deje correr largo rato el agua hasta
que esté fría, bébase un vaso de agua para hacer frente con eficacia a los envites de su conciencia, y una vez vencidos todos los malos pensamientos, disfrute de su café.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Julio Iglesias, vergüenza de España (II)

Sin premeditación alguna, el post de hace unos días, dedicado a Calatrava, resulta ser sólo la primera entrega de la serie "vergënza de España", en la que se irán narrando las peripecias de otros nacionales de nuestro país que apoyan al Estado ocupante de Israel.

El cantante afincado en Miami Julio Iglesias, confesó ayer, durante un concierto en Tel Aviv, que es judío -su madre es judía-, aunque sólo de cintura para arriba, ya que no está circuncidado. No sería esto nada vergonzante, de no ser por las palabras sobre el conflicto palestino que dirigió a los israelís que fueron a escucharle: "entiendo vuestros sentimientos y vuestra lucha", dijo Julio, para alborozo del público.

Mientras personalidades de todo tipo respalden los asentamientos ilegales, los checkpoints en territorio palestino, el campo de concentración de Gaza, los asesinatos semanales de palestinos, y el encarcelamiento sin juicio alguno de aquellos que se enfrentan a la política de ocupación, los israelís no tendrán incentivos para detener sus constantes violaciones del derecho internacional.

Es preciso expulsar a Israel de las competiciones europeas, que nuestros artistas no actúen allí, que nuestras selecciones no jueguen allí, y que se rompan relaciones diplomáticas hasta que no se cumplan las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas que ordenan que Israel se repliegue hasta las fronteras de 1967.

Querido lector, encienda el aparato de música, olvídese de que este mes de septiembre morirán al menos otra decena de palestinos, déjese llevar por la voz de Julio Iglesias, y disfrute del café.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Lo que la bandera esconde

Tras los inocentes tonos azules y blancos de la bandera de Israel, se esconden sus verdaderas intenciones: teocracia y colonialismo.

Las dos franjas horizontales de color azul que aparecen arriba y abajo de la estrella de David, representan al río Nilo y al río Éufrates, ninguno de los cuales está dentro de las fronteras que por Resolución de las Naciones Unidas se establecen para Israel. Sin embargo, esto nos permite percibir hasta dónde llegarán las ansias imperialistas de Israel, y sirve para darse cuenta de porqué Israel es un Estado totalmente militarizado. En cuanto hagan desaparecer de una vez por todas al Estado Palestino, y tengan control sobre el río Jordán, reconocido por la comunidad internacional (actualmente lo controlan sin que la ONU lo reconozca como parte de Israel), seguro que Israel encuentra la excusa perfecta para atacar Egipto, y así poco a poco ir haciéndose con el control del territorio, hasta llegar al río Nilo, para lo cual es imprescindible tomar el Cairo. Permítanme, 20 ó 30 años antes de que esto suceda, advertirles de lo sangriento que será el asedio de una ciudad de más de 20 millones de habitantes. Es posble que para un caso como el egipcio, Israel opte por el terrorismo nuclear, hasta ahora sólo empleado por USA. Por el otro lado, avanzarán por Jordania hacia Iraq, quizás con la ayuda de USA.

Y en el centro de la bandera, la religión judía, representada mediante la estrella de David. Lo cierto es que la conquista del territorio entre el Éufrates y el Nilo, tiene profundas motivaciones religiosas. Importantes lugares bíblicos, como el monte Sinaí, no pueden quedar fuera de Israel, según el parecer de los ultraortodoxos. Israel no sólo es imperialista, sino también teocrático. Buena muestra de la influencia política del judaísmo, es el hecho de que no se pueden abrir las tiendas ni hay transporte público durante el sabath, que todos los que profesen la religión judía tienen derecho automático a adquirir la nacionalidad israelí vivan donde vivan, y que el sistema educativo está hecho a medida de los ultraortodoxos más radicales.

Así pues, mientras la comunidad internacional y la ciudadanía mundial sigan tolerando la ocupación israelí, se irán tomando todos y cada uno de los lugares de relevancia bíblica. Primero fue Al Quds -Jerusaelem-, ahora mismo están siendo ocupados Khalil -Hebrón- y Beitlaham -Belén- y dentro de poco Israel podría ocupar Egipto. Querido lector, no se levante del sofá para evitar que se derrame más sangre, pues el café le podría saber amargo.

domingo, 23 de agosto de 2009

Ejército y educación, transmisores de la enfermedad

Sería caer en la demagogia fácil, el decir que los israelís de por sí son gente violenta, que ven con buenos ojos la opresión que Israel ejerce sobre Palestina, y que miran para otro lado cada vez que hay un bombardeo en el que mueren miles de palestinos.

El hecho de que los 5 partidos más votados en Israel -Likud, Kadima, Laborista, Israel Beteinu y Shas- en las recientes elecciones de 10 de febrero de 2009, hubieran apoyado el genocidio en Gaza de diciembre de 2008, nos obliga a buscar algún una explicación al buen comportamiento electoral de estos partidos.Tras algunas semanas en Israel, veo al menos dos elementos clave en la propagación de esa enfermedad de violencia y miedo colectivos que padece la sociedad israelí.

Por un lado, el Ejército. Es la fuerza más poderosa de Oriente Medio, y ha permitido a Israel extender su territorio tras vencer en diversas guerras. Todos los chavales israelís están obligados a servir 3 años allí -2 años las mujeres-. A los 18 años, cuando más influenciable es una persona, ya pueden imaginar lo fácil que será para los "halcones" de Estado, manipular esas jóvenes mentes e instruirles en los ideales sionistas y antiarabistas, así como enseñarles la ecuación palestino= terrorista. Decenas de chavales pasan los veranos en un check-point cualquiera de los territorios palestinos ocupados, pasando un tremendo calor, viendo palestinos pasar, y con el miedo infundado de que en cualquier momento alguien se inmole al pasar con el coche. Tras 3 años así, sin haber estudiado aún una carrera ni nada, ¿quién no vería con buenos ojos que mueran 1500 palestinos terroristas en Gaza?

El segundo pilar es la escuela. Hay cuatro sistemas educativos en Israel, dependiendo de las características étnicas y religiosas de cada persona, y del deseo de los padres, pero todos funcionan bajo la atenta supervisión del ministerio de educación de Israel, quien también aprueba los libros de texto. En ellos se dice, por ejemplo, que antes del día de la Independencia de Israel, "habitaban en el territorio diversos pueblos nómadas y primitivos". Está prohibido que los libros hagan referencia a la "Naqba", que no es otra cosa que la matanza y expulsión de palestinos que tuvo lugar a finales de los años 40, al fundarse el estado de Israel.

Los aspirantes a profesores, una vez conseguida la plaza, tienen que pasar por un proceso de "security clearance" -limpieza de seguridad- para que el Ministerio compruebe que no tienen ideas contrarias a lo que el Estado quiere propugnar en la escuela. Quien no pase las pruebas de limpieza, pierde automáticamente su derecho a la plaza docente. Como puede observarse, es fácil dejarse contagiar por la corriente, y muy difícil e improductivo nadar en sentido contrario.

Una vez metidos en este círculo vicioso que tiene lugar actualmente en la sociedad israelí, podemos constatar una vez más que la solución no vendrá de la parte ocupante, motu propio, sino que es precisa la presión exterior. Y es irrelevante que Burundi o Timor Oriental decidieran romper relaciones económicas con Israel. Sólo Europa y USA tienen en sus manos el fin de la ocupación y el sufrimiento palestino. Y sólo la sociedad civil de esos países puede presionar a los gobernantes para que hagan algo.

No obstante, no vaya a preocuparse usted, querido lector, por exigir nada al gobierno, ni moverse por la causa palestina. Le requeriría mucho tiempo -10 minutos al día al menos- y Palestina no está tan cerca como para que pueda usted sentirse culpable de su indiferencia. Descanse y disfrute del café.

lunes, 10 de agosto de 2009

Meir Margalit, un israelí atípico

Su agradale acento argentino recubre palabras sinceras desde la primera vez que lo ví. Menudo, luchador incansable, caballeroso, valiente, Meir Margalit es un israelí anómalo. Condena con rotundidad la política israelí de ocupación y opresión. Desde su puesto de miembro del pleno del ayuntamiento de Al Quds (Jerusalem) por Meretz -único partido de la izquierda israelí- y de miembro del Comité israelí contra la demolición de casas (ICAHD), Meir pelea a diario para frenar a desarabización de Al Quds (Jerusalem) y para que miles de palestinos de Al Quds no se queden sin casa injustamente.

Cada mes hipoteca su sueldo, entregándolo por adelantado al ICAHD para que sus proyectos puedan seguir adelante. Cuando la municipalidad de Jerusalem decide demoler una casa palestina, el ICAH se desplaza a la zona, y se pone delante de los bulldozers para evitar la expropiación ilegítima, que viola los principios más básicos del derecho de propiedad que con tanta asiduidad se bendice en Occidente. En Al Quds las casas palestinas son demolidas con órdenes municipales de lo más banales, siendo el objetivo último crear asentamientos israelís en Al Quds oriental.

El pasado mes de julio tuve ocasión de pasar 2 días con Meir. Por desgracia, esos días el ayuntamiento de Al Quds había decidido desafiar la política de Obama y continuar las demoliciones de casas, que llevaban paradas desde la visita de Hillary Clinton. El teléfono de Meir no dejó de sonar ni un instante, y estuvímos moviéndonos de punta a punta de Al Quds todo el tiempo, viendo las tropelías que se cometen en los barrios palestinos. Es admirable ver cómo Meir conoce cada rincón de la ciudad, cada asentamiento de la parte vieja, cada persona... No es concebible algo así en un concejal de nuestro país, que además sólo busca disminuir el sufrimiento de quienes viven con la incertidumbre eterna, de saber cuándo será demolida su casa.

Por desgracia, Meir Margalit es un israelí atípico. Meretz tiene sólo 3 miembros en el pleno del ayuntamiento de Al Quds. El ICAHD vive del respaldo de la cooperación internacional, con importante financiación española. Es necesario multiplicar los esfuerzos económicos y la presión política de la sociedad civil internacional, para tratar de fortalecer las asociaciones israelís que quieren la paz. De lo contrario, desaparecerán y no habrá oposición política ni ciudadana en Israel.

Querido lector, ya puede olvidarse de estas "chungas movidas" de israelís y palestinos, que estamos en agosto y en España se está muy bien. No hay que amargarse. Disfrute de su café.

Gaza, el agua ocupada

Este documental, realizado el año pasado por Asamblea de Cooperación por la paz, muestra con ironía el problema de la escasez de agua de los habitantes de Gaza.

domingo, 26 de julio de 2009

Hogar robado

Wisam nació en el campo de refugiados de Jenin hace 26 años. Para matar el aburrimiento, la familia se reunía por las tardes en la única habitación de la casa y su abuela les contaba historias de Haifa, el lugar en el que residían antes de que la ciudad fuera ocupada por Israel. Hablaban de la preciosa bahía, de las gentes del lugar, del olor a mar, de las cuestas de la ciudad...En 1948 toda la familia fue expulsada del hogar, y tras varios años sin rumbo, se asentaron en Jenin, al norte de Cisjordania.

Me recibe en Ramallah, en su despacho del Panorama Centre, una asociación palestina que busca democratizar el país para prepararlo para la paz. Viste ropa de marca y en su cara asoma una sonrisa de satisfacción, como quien ha salido de la miseria del campo de refugiados y ha triunfado en la capital. Además, saca a su familia adelante.

Tras un intercambio de saludos, Wisam me cuenta orgulloso la gran hazaña de la semana pasada. En el Panorama Centre organizaron un viaje a Haifa para que jóvenes palestinos pudieran ver el lugar de donde proceden sus familias, y que les fue expropiado por las armas. Wisam tuvo la suerte de poder acompañar al grupo. Tuvieron problemas al cruzar la frontera israelí, a pesar de que contraban con un permiso para ese día, pero tras la humillación habitual en el checkpoint, pudieron llegar a Haifa.

Nada más pisar la tierra, sus lágrimas se fundieron con el agua del mar, y el tiempo se detuvo. No era un llanto de rabia, de odio, de rencor, sino de emoción, de felicidad, que por fin y por poco decide salir a relucir. Luego se tornó en tristeza, al ir constatando que nada quedaba ya de aquellos lugares de los que le habló su abuela. Altos y modernos edificios inundan ahora la ciudad, y las casas de los antiguos habitantes palestinos han sido borradas del mapa. Se dio cuenta de que lo más probable es que su abuela no pueda volver allí. Mejor, casi mejor. Ni siquiera la naturaleza está inalterada. Las playas están rodeadas de muro y alambrada, y sólo se puede acceder pasando un control policial.

La conversación sigue por otros derroteros. Wisam se interesa por España; me pregunta por el problema del agua -también muy patente en Palestina- y si finalmente se realizó el trasvase del Ebro. También comenta el creciente papel de la mujer en todas las esferas de la vida española. Pero lo que más me impactó fue su frase de despedida, que refleja muy bien el sentir del pueblo palestino: “Mira Dani, a mí me da igual si se soluciona el problema estableciendo 1, 2 ó 16 Estados. Yo no quiero ganar, ni que me Israel me pida perdón o me indemnice por las propiedades que robó a mi familia. Lo único que yo quiero es poder moverme libremente por el territorio en el que vivo, ir al mar, al desierto, al lugar de donde procede mi familia...”

El de Wisam es sólo un rostro de los 8 millones de refugiados palestinos que hay en la actualidad. Querido lector, gracias por tu tiempo. Espero que esta historia no te amargue tu plácido día, y que disfrutes del café.

sábado, 25 de julio de 2009

Las semillas de la ocupación

En Palestina no sólo los seres humanos sufren. También la vegetación es instrumento para la opresión.

Por un lado, se plantan árboles en antiguos pueblos palestinos, para hacerlos desaparecer de la memoria colectiva, y que esos lugares no sean reivindicados de nuevo. Esto es lo que sucede con el Canada Park. Tras la guerra de los seis Días, Israel tomó el control de Mo´din y los pueblos adyacentes. Seis años después, un magnate judío de nacionalidad canadiense, Bernanrd Bloomfield, decidió recaudar fondos y plantar miles de árboles en la zona donde estaban las casas palestinas. Hoy es el llamado Canada Park, donde miles de israelís van a pasar el fin de semana con los niños y a hacer barbacoas. Entre los troncos de olivos, cipreses y almendros, aún pueden verse restos de construcciones pasadas, en las que el gobierno israelí, ni corto ni perezoso, ha puesto carteles que llevan rúbricas tales como “baños romanos” o “fortaleza de los cruzados”, en un gran alarde de imaginación. No cabe duda de que son viviendas palestinas destruidas en 1967. Zochrot, una asociación israelí para la recuperación de la memoria anterior a 1967, ha tratado de poner carteles informando a los visitantes de que las ruinas que ven son de casas palestinas. Al segundo día desaparecieron, y cuando pidieron responsabilidad a las autoridades del parque, les respondieron que los probablemente las placas de metal habrían sido robadas por algún chatarrero. Es curioso ver que las que hacen referencia a los supuestos baños romanos sigan en su sitio después de tantos años. Hay un proceso judicial abierto que ya ha llegado a la Corte Suprema de Israel.

Pero hay otro uso aún más grave de la vegetación en el conflicto, la tala de árboles. En Ni´lin, en la zona que quedó dentro del control palestino después de 1967. la fuente principal de ingresos era la agricultura. Ahora sus únicos ingresos son las donaciones de la comunidad internacional. Israel cortó los 10.000 olivos que había a las afueras del pueblo, alegando que servían como escondite a los terroristas. No los cortó de raíz, para replantarlos en otro sitio, sino por la mitad, dejando el paisaje inundado de tocones. Además, tras la construcción del muro, 120 familias se encontraron con que sus tierras de cultivos habían quedado al otro lado del hormigón, con lo que no podrán volver a recoger sus cosechas. Ni´lin exportaban 50.000 toneladas anuales de cactus a Jordania. Desde que Israel controla la frontera con Jordania, el paso de estos productos está prohibido. Querido lector, muchas gracias por su atención. Espero que disfrute del café.

La ocupación israelí


Desde 1948 Israel ha ido extendiendo sus fronteras mediante el uso de la fuerza. Hasta 1967 fue a través de guerras en las que combatían ejércitos regulares. Ahora se van anexionando ciudades, ríos y acuíferos de manera subrepticia, con colonos e intervenciones en "aras de la seguridad". Como se puede ver, a Palestina ya sólo le queda el 12% del territorio inicial. Las dos franjas de tierra que quedan, Cisjordania y Gaza, están separadas por territorio israelí, y el acceso a Gaza en la actualidad sólo está permitido a periodistas y diplomáticos con permisos. Para ir de una ciudad a otra, dentro de Cisjordania, hay que pasar varios checkpoints con soldados israelís, y en ciudades como Nablus el ejército de Israel impone un toque de queda de 12 a 6 de la mañana. El río Jordán y el Mar Muerto, así como el espacio aéreo palestino, son de exclusivo control israelí.

La situación es clara. Por un lado, hay una potencia militar, Israel, de superioridad incontestable-salvo su tropiezo ante Hizbullah hace ya más de 2 años-. La sociedad israelí vive cómoda con la ocupación, la industria militar está contenta, y poco a poco van recuperando los lugares santos, con los ingresos por turismo que eso implica. Al-Quds (Jerusalem) ya está casi tomada, y Belén y Hebrón no tardarán. Su objetivo es que todos los palestinos abandonen su tierra o se conviertan en ciudadanos de segunda en Israel, así como evitar que los 8 millones de refugiados palestinos regresen a sus hogares.

Por el otro lado tenemos un país de instituciones débiles, cuya población siente hastío político, ante tanta falsa promesa de sus dirigentes. La ANP apenas tiene competencias, de facto, para satisfacer las necesidades de sus habitantes, y muchos de los líderes de Fatah están corrompidos hasta la médula. Y ni Hamas ni ninguna organización yihadista tiene capacidad de amezana suficiente como para que Israel tema por su integridad territorial.

En definitiva, a Israel le interesa completar la ocupación, y Palestina no tiene fuerza suficiente para evitarlo. O la comunidad internacional actúa, o Palestina se extinguirá. Con este blog pretendo contar mi experiencia por esas tierras, y contribuir a esclarecer lo que está sucediendo, poniendo rostro a la tragedia, desde la convicción de que cada europeo o norteamericano tiene en sus manos la posibilidad de cambiar las cosas.