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viernes, 1 de enero de 2010

Respuesta al embajador de Israel en España

Esta es mi respuesta al artículo "Israel, Estado judío", de Rafael Schutz:

Sr. embajador:

Tras leer el artículo que escribió usted el día 30 de diciembre en el diario Público, me veo obligado a dirigirme a usted para poner de manifiesto mi disconformidad con sus palabras, que en muchos casos no se ajustan en absoluto a la realidad.

En primer lugar, argumenta usted que el pueblo judío se ha visto amenazado y perseguido a lo largo de la Historia, y que por lo tanto, ello justifica el derecho a tener un Estado propio, sin importar que en el territorio donde ustedes desean ese Estado viva otro pueblo desde hace mucho tiempo, el palestino.

En cualquier caso, si el criterio que otorga el derecho a un Estado es el haber sido perseguido, ¿no cree usted que los gitanos, los ateos, los comunistas o los homosexuales también tienen derecho a un Estado propio? ¿Y por qué no los kurdos, los saharauis o los palestinos?

Por otra parte, dice usted que Israel es el “hogar del pueblo judío” no en un sentido religioso, sino tradicional. Esta afirmación es radicalmente falsa. Las leyes religiosas rigen de facto en muchos lugares de Israel. Por ejemplo los autobuses no circulan los sábados. Eso no es tradición, sino ley religiosa. ¿Y qué me dice de la separación de hombres y mujeres en algunas aceras del Jerusalén israelí? Esto tampoco es tradición, es imposición de la ley religiosa.

No comprendo cómo puede decir que “no hace falta ser religioso practicante para participar de la cultura judía contemporánea”. Habla usted de igualdad de derechos entre religiosos y no religiosos. Sin embargo, veo que se olvida de la Ley del Retorno, que en su artículo 1 dice que todos los judíos tendrán el derecho al aliyah, y que en su artículo 4B define “judío” como “persona nacida de madre judía o que se haya convertido al judaísmo, y que no sea miembro de ninguna otra religión”. Es algo sin precedentes que las leyes de su propio país contradigan las palabras de un embajador, quien trata de maquillar de tradición lo que es pura religión, con el objetivo de convencer a lo que él llama, “el progresismo español”.

¿Cómo es posible que exista igualdad entre judíos religiosos y no religiosos, si para acceder al derecho primero y más básico, como es la ciudadanía, procediendo de un país extranjero. es preciso profesar la religión judía?

Más impactante aún me resulta su afirmación de que el Estado de Israel se ve seriamente amenazado, y que “el mundo ha de reconocer el derecho de los judíos a tener un Estado propio.” ¿Acaso no es suficiente reconocimiento el que Israel sea un Estado miembro de pleno derecho de las Naciones Unidas? Nadie pone en duda el reconocimiento del Estado de Israel dentro de las fronteras establecidas por las Naciones Unidas antes de 1967. Lo que sería intolerable es que el mundo reconociese además las conquistas violentas e ilegales que Israel y sus colonos terroristas han realizado al margen de la comunidad internacional.

Y ya que hablamos de estados amenazados y no reconocidos por el mundo, me viene a la mente el Estado Palestino, que aún no ha sido reconocido ni por Israel, ni por los países de la Unión Europea ni por Estados Unidos. Me parece que dice muy poco de la coherencia del Estado de Israel, el que acuse a Irán o Hamás de no reconocer el derecho de Israel a existir, cuando Israel jamás ha reconocido al Estado Palestino. Un Estado Palestino cuya integridad territorial se está viendo seriamente amenazada por la construcción de un muro que ha sido reiteradamente condenado por las Naciones Unidas y la Corte Internacional de Justicia, y por un corredor israelí que separa Ramallah de Belén, partiendo en dos Cisjordania.

En definitiva, a pesar de que la teocracia no sea el régimen preferido por Europa, ningún país europeo ha dudado en reconocer la existencia del Estado judío de Israel, por lo que no tiene sentido el victimismo israelí en este caso. El paso que Europa debe dar ahora es reconocer un Estado Palestino para el pueblo palestino, a poder ser de carácter aconfesional, en el que convivan musulmanes y cristianos, como lo hacen hasta ahora -y judíos si así lo desearan-; un Estado Palestino al que puedan retornar los millones de palestinos que Israel ha expulsado de su tierra; que conviva pacíficamente con Israel, dentro de las fronteras previas a 1967 y con Jerusalén/Al Quds como capital común.

(El primer post de este año va dedicado a Ignacio Solar, una de las personas más íntegras y lúcidas que conozco y sin cuya ayuda no sería posible este blog.)