
Ya se ha convertido en una tradición de este blog, el hacer una recapitulación de las últimas acciones de boicot a Israel, dentro de la campaña "Boicot, desinversiones y sanciones". Una semana más, miles de personas se han sumado a estas acciones ciudadanas, ya sea desde la fama o desde el anonimato.
Hemos de comenzar este resumen con el reciente llamamiento de la Iglesia Australiana, a través del National Council of Churches of Australia, al boicot de todos los productos israelís elaborados en las colonias ilegales. Esta iniciativa es más importante aún si tenemos en cuenta que la religión cristiana es mayoritaria en Australia.
Otro caso muy comentado en los últimos días es la decisión de boicot a Israel de la cooperativa alimenticia Olympia Food Co-Op, situada en el Estado de Washington, donde nació Rachel Corrie, la activista asesinada por Israel. Esta cooperativa, que tiene dos establecimientos de venta, ha retirado de sus estanterías las galletas, los conos de helado y la nata israelís, en señal de protesta por las políticas genocidas de Israel.
Además, la Federación Internacional de Periodistas ha condenado la cobertura del ataque a la flotilla realizada por la prensa israelí. Hay que recordar que ya se expusló una vez a la sección israelí de la organización, aunque luego fue readmitida. Asimismo, los sindicatos de las industrias francesas han iniciado una campaña generalizada de boicot, imitando la ya comenzada por los sindicatos belgas y vascos. A su vez, los sindicatos de estibadores de Noruega, Suecia y Sudáfrica, siguen rechazando las mercancías israelís.
Y en lo cultural, han sido esta vez los músicos del grupo británico Leftfield, los que han cancelado su concierto previsto en Israel y han colgado en su página de Facebook un llamamiento al boicot. Por su parte, el escritor Ian Banks, se ha negado a que su libro sea traducido al hebreo, para así protestar contra Israel.
Y como corolario, el Adva Centre, institución israelí de inverstigación especializada en economía y ciencias sociales, advierte en su último estudio que las políticas de ocupación y el rechazo internacional a las mismas, "está dañando seriamente la economía del Estado Judío".
Como puede usted comprobar, querido lector, el boicot a Israel ya no es cosa de una decena de exaltados que quieren salvar el mundo. Es algo que va poco a poco generalizándose, y que está ya cerca de empezar a causar efectos en la economía israelí. Sé que el boicot no es nunca deseable, pero menos aún es la opresión a todo un pueblo. Por ello, debe seguir mientras sigan las políticas actuales de Israel. No es antisemitismo, es responsabilidad. Recuerde, si no consume productos cuyo código de barras comience por 729, también usted podrá contribuir a la liberación de un pueblo. Pero mejor que las cosas sigan como están. Feliz café israelí.







