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lunes, 9 de noviembre de 2009

Un día para reflexionar

Hoy se cumplen 20 años desde la caída del muro de Berlín. El tono de celebración se adueñará de todas las portadas de los periódicos. Estoy de acuerdo en que el 11 de noviembre de 1989 es un día para recordar con alegría. Miles de berlineses pudieron reencontrarse con sus familiares, y cayó el infame hormigón que partía en dos la ciudad. Se terminó con el sufrimiento que supone estar separado por tan deleznable construcción, y por una vez, ganó el sentido común.

Sin embargo, hoy no deberíamos celebrar nada. Tras haber visto lo maravilloso que es vivir sin un muro que divida a las personas, no parecemos haber aprendido que todos aquellos que viven separados por un muro sufren, con independencia de su nacionalidad. Hemos seguido construyendo muros: en Melilla -España-, en la frontera norte de México -USA-, y cómo no, en Palestina - Israel-.

Por eso, me niego a celebrar nada hasta que el pueblo palestino deje de vivir en un ghetto, aislado por un muro construido en un 80% en territorio palestino, y condenado por la Corte Internacional de Justicia. Miles de kilómetros de separación, hormigón, alambrada, torres de vigilancia, miles de soldados, palestinos asesinados casi semanalmente por manifestarse cada viernes de forma pacífica contra la barrera de la vergüenza, campesinos separados de sus tierras, familias divididas, árboles destrozados... Todo ello con una finalidad encubierta: la conquista de Palestina, que Israel está llevando a cabo, bajo el lema "abarcar el mayor terreno posible, con el menor número de palestinos posible".

Querido lector, a pesar de que Israel vulnera el derecho internacional y los principios morales más básicos, no deje que la culpa le invada. Usted ya hizo bastante en su día, manifestándose contra el comunismo y el muro de Berlín. El muro de Palestina que lo tiren otros, si acaso. Y que otros celebren los 20 años de su caída. Usted festeje este aniversario que hoy se nos presenta y disfrute del café.

lunes, 17 de agosto de 2009

Calatrava, la vergüenza de España

El arquitecto español ha diseñado un puente que permite a Israel unir los territorios ocupados de Al-Quds (Jerusalem) con la parte israelí de la ciudad. De esta manera, la ocupación ya no es sólo provisional, sino que el costoso puente servirá de excusa a Israel, para, en "aras del arte", no ceder nunca esa parte de Al-Quds que está ocupando. Así, este artquitecto sin escrúpulos pasará a la historia por ser uno de los profesionales internacionales que más contribuye al sufrimiento palestino.

En declaraciones al diario el Mundo, el día de la inauguración de su ominosa obra, el valenciano declaraba: "He estado muchas veces en Israel, un país que amo y que cada vez que vengo lo amo más y lo conozco más. De hecho aquí me tratan como un judío más"

Quede dicho de antemano que el construir en Israel no tiene nada de malo, cada cual es libre de elegir al que más pague, como hace Calatrava. Lo condenable es institucionalizar y perpetuar la ocupación, construyendo en la Palestina ocupada, puentes que unan los asentamientos con Israel.

España es uno de los países que más coopera con Palestina. La población está concienciada, y quiere que termine la ocupación. Por eso, confío en que la gente tomará conciencia de este hecho, y cada vez que un Ayuntamiento, Comunidad Autónoma o cualquier otra institución le conceda a Calatrava el encargo de construir algún edificio público, el pueblo entero salga a las calles, y le diga a su alcalde que no quiere que alguien así diseñe nada para su ciudad. Los suecos ya lograron, mediante el boicot, que dos empresas que trabajan en un tranvía que une Israel con asentamientos judíos, queden excluidas de los concursos públicos en Suecia. España no puede ser menos. ¡Llamo desde aquí al boicot al arquitecto de la vergüenza!

Querido lector, gracias por su tiempo. No se preocupe, que la llamada al boicot no va por usted. Sería causar excesivas dificultades a su persona, y no quiero abusar de su amabilidad. Si total, uno sólo nada puede hacer. Y no hagamos caso a aquello que decía Gandhi, : "Sé como te gustaría que fuera el mundo". Feliz café.