
Tras los inocentes tonos azules y blancos de la bandera de Israel, se esconden sus verdaderas intenciones: teocracia y colonialismo.
Y en el centro de la bandera, la religión judía, representada mediante la estrella de David. Lo cierto es que la conquista del territorio entre el Éufrates y el Nilo, tiene profundas motivaciones religiosas. Importantes lugares bíblicos, como el monte Sinaí, no pueden quedar fuera de Israel, según el parecer de los ultraortodoxos. Israel no sólo es imperialista, sino también teocrático. Buena muestra de la influencia política del judaísmo, es el hecho de que no se pueden abrir las tiendas ni hay transporte público durante el sabath, que todos los que profesen la religión judía tienen derecho automático a adquirir la nacionalidad israelí vivan donde vivan, y que el sistema educativo está hecho a medida de los ultraortodoxos más radicales.
Así pues, mientras la comunidad internacional y la ciudadanía mundial sigan tolerando la ocupación israelí, se irán tomando todos y cada uno de los lugares de relevancia bíblica. Primero fue Al Quds -Jerusaelem-, ahora mismo están siendo ocupados Khalil -Hebrón- y Beitlaham -Belén- y dentro de poco Israel podría ocupar Egipto. Querido lector, no se levante del sofá para evitar que se derrame más sangre, pues el café le podría saber amargo.