Mostrando entradas con la etiqueta Meir Margalit. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Meir Margalit. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de octubre de 2009

La conquista de Al-Quds

15 de julio, verano de 2009. Día seco y caluroso, como era de esperar. Aquella mañana teníamos una cita con Meir Margalit, concejal por Meretz del Ayuntamiento de Jerusalén, quien nos hizo un tour por la Ciudad Vieja de Al-Quds (Jerusalén), para que viéramos cómo los israelís están asentándose en las casas de la zona árabe.

Su plan es que cuando se negocie la paz,Al Quds quede dividida en una parte palestina y otra israelí, en función de la población mayoritaria que viva en cada barrio. A priori parece justo, pero si se alteras las condiciones previamente, no lo es. La ecuación es sencilla: cuantos más barrios se ocupen antes del reparto, más terreno le tocará a Israel.

Entramos por la imponente puerta de Damasco, atestada de vendedores de pan de pita y pasteles, y bajamos en dirección al camino del Via Crucis y al Hospicio Austríaco. De repente, un señor alto y esbelto, negro de piel y que vestía un polo de rayas, viene corriendo hacia nosotros, en busca de Meir. Su rostro delataba una preocupación difícil de sospechar en una persona ya madura, curtida a base de sobrevivir a los cientos de episodios trágicos que la ocupación israelí brinda a cualquier habitante de la zona.

Aquel hombre resultó ser el director de un centro social para el desarrollo de la comunidad africana, situado en un pequeño local de la ciudad vieja. Su misión consiste en dar ayuda material, moral y legal a la minoría africana que reside en Al Quds. Tras muchos años realizando una gran labor social, aquella mañana, al ir a abrir el local, se encontró con soldados y policías israelís en la puerta. Le dijeron que el centro social quedaba clausurado y confiscado hasta nueva orden.

Sin saber muy bien qué hacer para solucionar el embrollo, y siendo consciente de las altas posibilidades de pasar el resto de sus días en la cárcel si rechistaba, optó por llamar a Meir; cuando se enteró de que estaba en la ciudad vieja con nosotros, vino corriendo a buscarlo.

Nada más conocer la noticia, apretamos el paso en dirección al centro social, y nos topamos de frente con los soldados israelís. Haciendo gala de la arrogancia ilimitada de quien se sabe con las armas bien cargadas en su cinto, un policía israelí echaba lentamente el humo de su cigarro en la cara de uno de los que osó interponerse entre él y la puerta del local. Meir se acercó en busca de explicaciones y los soldados no tuvieron más remedio que llamar a sus superiores, en busca de razones para justificar la clausura.

Tras varias llamadas y unos tensos minutos de espera, llegó por fin el motivo: al parecer, se habían pinchado los teléfonos del centro social, y se había detectado una llamada a territorios palestinos. Esto era considerado una actividad ilegal por el Gobierno israelí, por mucho que se justificase el director, diciendo que era habitual en este tipo de centros, establecer contactos con centros sociales palestinos para hablar de la gestión y la coordinación entre los distintos centros. La respuesta no les valió.

El lugar quedó clausurado, y cada uno se fue a su casa (al menos todo aquel que todavía la tuviera). Recuerdo a los chavales africanos, de unos 20 años, agradeciéndo a Meir, e incluso a nosotros, la intervención en su favor, a pesar de que de nada había valido. Es digno de reconocer el detalle, y más aún en esa situación, recién perdido el local en torno al que había girado sus vidas esos últimos años.

Querido lector, por desgracia esto no es algo excepcional. Cada día que pasa, la injusticia avanza por Al Quds, ocupándolo todo. ¿Seguiremos premitiendo que aquellas esquinas de la ciudad en que aún queda dignidad humana también sucumban a la indiscutible superioridad de quien tiene las armas? Seguro que sí lo permitiremos, ¿por qué íbamos a cambiar ahora de actitud? Feliz café.

lunes, 10 de agosto de 2009

Meir Margalit, un israelí atípico

Su agradale acento argentino recubre palabras sinceras desde la primera vez que lo ví. Menudo, luchador incansable, caballeroso, valiente, Meir Margalit es un israelí anómalo. Condena con rotundidad la política israelí de ocupación y opresión. Desde su puesto de miembro del pleno del ayuntamiento de Al Quds (Jerusalem) por Meretz -único partido de la izquierda israelí- y de miembro del Comité israelí contra la demolición de casas (ICAHD), Meir pelea a diario para frenar a desarabización de Al Quds (Jerusalem) y para que miles de palestinos de Al Quds no se queden sin casa injustamente.

Cada mes hipoteca su sueldo, entregándolo por adelantado al ICAHD para que sus proyectos puedan seguir adelante. Cuando la municipalidad de Jerusalem decide demoler una casa palestina, el ICAH se desplaza a la zona, y se pone delante de los bulldozers para evitar la expropiación ilegítima, que viola los principios más básicos del derecho de propiedad que con tanta asiduidad se bendice en Occidente. En Al Quds las casas palestinas son demolidas con órdenes municipales de lo más banales, siendo el objetivo último crear asentamientos israelís en Al Quds oriental.

El pasado mes de julio tuve ocasión de pasar 2 días con Meir. Por desgracia, esos días el ayuntamiento de Al Quds había decidido desafiar la política de Obama y continuar las demoliciones de casas, que llevaban paradas desde la visita de Hillary Clinton. El teléfono de Meir no dejó de sonar ni un instante, y estuvímos moviéndonos de punta a punta de Al Quds todo el tiempo, viendo las tropelías que se cometen en los barrios palestinos. Es admirable ver cómo Meir conoce cada rincón de la ciudad, cada asentamiento de la parte vieja, cada persona... No es concebible algo así en un concejal de nuestro país, que además sólo busca disminuir el sufrimiento de quienes viven con la incertidumbre eterna, de saber cuándo será demolida su casa.

Por desgracia, Meir Margalit es un israelí atípico. Meretz tiene sólo 3 miembros en el pleno del ayuntamiento de Al Quds. El ICAHD vive del respaldo de la cooperación internacional, con importante financiación española. Es necesario multiplicar los esfuerzos económicos y la presión política de la sociedad civil internacional, para tratar de fortalecer las asociaciones israelís que quieren la paz. De lo contrario, desaparecerán y no habrá oposición política ni ciudadana en Israel.

Querido lector, ya puede olvidarse de estas "chungas movidas" de israelís y palestinos, que estamos en agosto y en España se está muy bien. No hay que amargarse. Disfrute de su café.