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sábado, 4 de septiembre de 2010

Ciudades Palestinas (II): Ramallah, el centro administrativo

Ramallah es quizás la ciudad más conocida de Palestina, ya que es allí donde suelen residir los dilpomáticos, periodistas y cooperantes que se desplazan a Palestina. Ramallah está situada en Cisjordania, en un enclave lleno de pequeñas colinas, a 15 kilómetros al noreste de Al Quds. En su origen fue una ciudad cristiana, pero hoy día la mayoría de la población es musulmana. Sin embargo, aún persiste una importante colonia cristiana (25% de la población) que convive sin problemas con los musulmanes. Junto a Ramallah, se sitúa, sin que cesen las edificaciones, al Bireh, la ciudad universitaria.

La historia de Ramallah es relativamente corta, sobre todo si se compara con la de Al Quds. La ciudad fue fundada en el S. XVI por los Haddadin, procedentes del río Jordán. Durante los siglos XVII y XVIII Ramallah se desarrolló como una ciudad predominantemente agrícola y cristiana. Así llegamos a 1908, cuando se le concedió el título de ciudad. En 1917 los británicos ocuparon Ramallah, que estuvo en su poder hasta 1948, cuando pasó a manos jordanas. Dadas las penurias económicas, los cristianos abandonaron la ciudad y fueron a buscar suerte a Estados Unidos. Por su parte, árabes provenientes sobre todo de Khalil -Hebrón- se instalaron en la ciudad.

En 1967 Ramallah fue ocupada por Israel tras la Guerra de los Seis Días. En la actualidad es de los pocos lugares en Palestina que no siguen ocupados. Tras los acuerdos de Oslo, Ramallah quedó dentro de la llamada zona A, donde las competencias legislativas y militares son exclusivamente palestinas -siempre en teoría-.

La vida de Ramallah gira en torno a la plaza de Al-Manara. Es una rotonda, con una fuente con leones en el medio, de la que parten las principales arterias de la ciudad. Restaurantes, pastelerías y hasta tiendas de zumos artesanos pueblan la plaza. Decenas de personas esperan allí a alguien o simplemente se sientan y ven pasar a la gente. No importa la hora que sea, siempre habrá gente: el repartidor de pan se junta por la mañana con los últimos diplomáticos juergistas, y de nuevo otro giro, y vuelta a empezar un nuevo día. No importa el día de la semana o del mes. Por no hablar de las multitudes que se juntan durante los festejos que se producen tras los partidos de fútbol. Sólo los bombardeos israelís son capaces de parar la vida de Al-Manara.
El visitante no puede perderse la Muqataa, el complejo arquitectónico de la antigua prisión británica, que se ha convertido en el símbolo del nacionalismo palestino y en el que está enterrado nada menos que Yasir Arafat. En la Muqataa está provisionalmente la sede de la Autoridad Nacional Palestina, a la espera de que Israel permita el traslado a Al Quds. En 2002 la Muqataa fue casi enteramente destruida por Israel, pero en la actualidad a vuelto a renacer.
Si uno se cansa de la comida árabe y la constante tensión de la zona, Ramallah es capaz de hacer olvidar al occidental que se encuentra fuera de casa. Después de viajar por Cisjordania y soportar los tediosos checkpoints o las preguntas desafiantes de los soldados israelís, en Ramallah uno puede sumergirse, por ejemplo, en el idílico Snowbar, donde puede disfrutar de una pizza o una hamburguesa al lado de otros europeos o americanos pegados a sus portátiles, en un ambiente de relativa tranquilidad. Cuando se pasa algún tiempo en Oriente Próximo, uno necesita ciertos momentos de evasión para recargar energías.

En definitiva, en Ramallah, el forastero no siente estar en un país musulmán. Es frecuente que se sirva alcohol en los bares y se ven muchas mujeres sin velo -aunque claro, sobre todo occidentales-. Es una ciudad tolerante con lo extranjero. Además, en los últimos años Ramallah ha experimentado un importante boom inmobiliario, por la emigración de palestinos de los alrededores, atraídos por la escasez de bombardeos israelís y la posibilidad de encontrar empleo.

Sin embargo, no todo es paz en Ramallah. En los últimos años, ha habido una gran proliferación de asentamientos ilegales alrededor de Ramallah, sobre todo en el camino que va hacia Al Quds, lo que dificulta la expansión de la ciudad. Es frecuente ver las provocaciones de los colonos a la población palestina. Si sigue el avance de los asentamientos en Cisjordania, otras ciudades palestinas desaparecerán antes que Ramallah. Es más, quizás Ramallah sea la última. Pero eso sí, cuando los colonos israelís lleguen a la Muqataa, argumentando que les pertenece por agún derecho divino, el sueño palestino habrá acabado. Feliz café.

viernes, 27 de agosto de 2010

Por la liberación de Abdallah Abu Rahma

Abdallah Abu Rahma es uno de los principales pacifistas palestinos, que mediante su lucha y ejemplo diarios nos recuerda a todos que siempre se puede hacer más en la búsqueda de la justicia, la paz y la libertad. Tiene 39 años y es profesor en una escuela de Birzeit. Además, Abu Rahma es el coordinador del Comité Popular de Bi´lin contra el Muro y los Asentamientos. Sus acciones consisten, entre otras, en manifestarse pacíficamente cada viernes frente al Muro Ilegal construido por Israel, junto con cooperantes de todo el mundo, para llamar la atención sobre las atrocidades que comete a diario el Estado de Israel.
Abu Rahma detesta la violencia; sólo cree en la lucha pacífica. Además de coordinar el Comité, ha dado conferencias por Francia o Canadá, algunas veces acompañado incluso por Premios Nobel de la Paz. Abu Rahma se ha ido convertiendo en una figura demasiado carismática como para que Israel le siguiera permitiendo estar en libertad. Y ése es el único motivo de su escandalosa detención.

Abdallah Abu Rahma fue detenido por el ejército israelí el día 10 de diciembre de 2009, que justamente es el Día Internacional por los Derechos Humanos, ya que el 10 de diciembre de 1948 fue aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Evidentemente, fue una detención ilegal, ya que un ejército no puede entrar en el territorio de otro Estado y detener a quien quiera a sus anchas. El esperpento se produjo a las dos de la mañana. Abu Rahma fue detenido en su casa de Ramallah, a donde se desplazaron, sin permiso, siete jeeps militares que rodearon la vivienda. Los soldados israelís echaron la puerta abajo y sacaron a Abu Rahma de la cama. Le vendaron los ojos y se lo llevaron. La detención se produjo delante de su mujer y sus tres hijas, de 7 años la mayor, 5 la mediana y 8 meses la más pequeña.

Abu Rahma no es el único detenido por Israel. En los últimos seis meses, un total de 31 activistas de Bi´lin han sido detenidos, mediante los llamados "procesos administrativos", eufemismo que Israel usa para denominar a las detenciones ilegales sin que medie sentencia judicial alguna.

En el caso de Abu Rahma sí que ha habido juicio, para así tratar de evitar la vergüenza internacional. Se le acusaba de cuatro supuestos delitos. Las dos primeras acusaciones, posesión ilegal de armas y lanzar piedras al ejército, acaban de ser desestimadas por los tribunales israelís. Sin embargo, podría ser condenado -y así parece que va a ser- por los otros dos: manifestación ilegal e incitación a la desobediencia.

El proceso es jurídicamente bochornoso. En primer lugar, porque Abu Rahma ha estado en prisión preventiva 8 meses según leyes militares que bajo ningún concepto son aplicables a ciudadanos de otro Estado. Y más importante, las únicas pruebas que se han aportado han sido testimonios de soldados y ciudadanos israelís que supuestamente demostrarían que Abu Rahma ha incurrido en los delitos de los que se le acusa. ¿Cómo va a decir Israel si es legal o no una manifestación que no se produce en su territorio? ¿Qué jurisdicción tienen los tribunales israelís? No hay ni un solo ciudadano israelí herido o afectado por las manifestaciones de Aby Rahma y los miembros de su comité. El único bien jurídico imaginariamente amenazado son los intereses de Israel.

Las leyes racistas y totalitarias del Estado de Israel son las que han servido para la sentencia condenatoria. Definen la "incitación" como "el intento, verbal o de cualquier otra forma, de influir en la opinión pública del área de una manera que pudiera suponer un disturbio a la paz o al orden público" (Sección 7a de la Ley 101 de 1967) Podría acarrear una pena máxima de 10 años de prisión. En definitiva, el Estado de Israel se cree con el poder para prohibir el derecho de reunión y manifestación en un territorio que no es el suyo si considera que sus intereses están amenazados.
Se espera que la sentencia definitiva salga en unos días, pero las reacciones de la diplomacia mundial, de queja generalizada, no se han hecho esperar. Diplomáticos de España, Malta, Francia y Reino Unido se han aprestado a condenar la privación de libertad del pacifista palestino. Y más importante, la Alta Representante de la UE para la Política Exterior, Catherine Ashton, ha emitido un comunicado, con fecha de 24 de agosto, en el que condena firmemente la detención de Abu Rahma y expresa su temor a la próxima sentencia. Todas estas protestas de las altas instancias no son casuales, sino que se deben a la lucha de cientos de activistas que han enviado cartas y emails a los dirigentes mundiales para la liberación de Abu Rahma.

Querido lector, ¿vamos a permitir que Abu Rahma sea ilegalmente condenado? El Comité de Bi'lin ya se ha organizado para la lucha por la liberación, y nos propone una serie de acciones individuales, como escribir al embajador de España en Israel un email (embespil@mail.mae.es) pidiendo información sobre el emprisionamiento de Abu Rahma. Pincha aquí para más información. Si le parece que Abu Rahma debe seguir en la cárcel, déjelo. Feliz café.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Mujeres por la paz y el fin de la ocupación

Como cada año, hoy ha partido la Plataforma de Mujeres Artistas para Palestina a repartir alegría por las calles. Cantarán por la paz en Oriente Medio, en ciudades como Jericó, Ramallah, Jenin y Belén, y aprovecharán el viaje para entregar a Palestina el dinero que obtuvieron con el Concierto "Gaza en el corazón", que dieron en Madrid el pasado 27 de febrero. En concreto, los beneficios se destinarán a la reconstrucción y mantenimiento de los hospitales de Gaza, que fueron bombardeados y destruidos por Israel durante el genocidio de diciembre de 2009.
Durante su estancia, se reunirán con Mahmud Abbas y otros altos cargos del Gobierno Palestino, así como con ONGs de Israel, tratando de crear vínculos entre las dos sociedades y aportar su granito de arena a la lucha por el fin de la ocupación israelí.

Esperemos que este año las bombas de Israel no alteren sus planes, y que estas valientes mujeres españolas, que dejan el calor navideño de sus hogares para recorrerse Palestina arrancando sonrisas a los niños y rompiendo la monotonía de sufrimiento de los mayores, puedan completar su ruta sin altercados.

Desde este blog, quiero acompañar anímicamente a la comitiva, compartir públicamente mi admiración por ellas, deseando poder estar allí, recorriendo de nuevo las calles palestinas, disfrutando de la hospitalidad y generosidad de sus gentes, y tratando de hacer que por unos instantes olviden que al salir de su casa, se encontrarán con un muro que les separa de sus seres queridos. En definitiva, hacer que por un momento, las explosiones que se oyen afuera a cada rato, dejen de ser de ser en las mentes de los niños disparos de soldados israelís a civiles palestinos, y se conviertan en los fuegos artificiales que exigiría el ambiente festivo que estas mujeres tratan de crear.

Querido lector, ni se le ocurra unirse el año que viene a las mujeres artistas. Es arriesgado, se perdería el discurso de Nochebuena del rey y le causaría toda una serie de inconvenientes que usted no merece. Tampoco vaya a ninguno de sus próximos conciertos que dén en España. Ya sabe las aglomeraciones de gente que se forman en estos actos, y además tendría que lidiar con el frío nocturno. Mejor relájese, déjese llevar por el ambiente festivo, ya que aquí no hace falta que nadie nos lo traiga, y disfrute de su café.

jueves, 26 de noviembre de 2009

La guerra del fútbol

Hace algunos años, alemanes y franceses, con el patrocinio de la FIFA, decidieron levantar un estadio de fútbol en el Bireh, a las afueras de Ramallah. Era un proyecto que se aprobó en 1981, autorizado por Israel. Su construcción efectiva no se llevó a cabo hasta 2008, cuando el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, puso la primera piedra. Acaba de ser terminado, y por fin la selección Palestina iba a poder disputar sus partidos oficiales en un estadio con capacidad para 8.000 personas.

Sin embargo, el Ministerio de defensa de Israel acaba de ordenarla demolición del estadio, porque sostiene que parte del mismo se encuentra en lo que desde los acuerdos de Oslo se conoce como "Zona C". En estos acuerdos, Cisjordania fue dividida en tres zonas, según el grado de control que se les otorgase a los palestinos, pero sin olvidar que tanto la Zona C como la A y la B están dentro del territorio palestino. Israel ha incumplido manifiestamente los acuerdos del Oslo, invadiendo la zona A cuando ha querido, y por lo tanto, éstos quedan ya sin validez, si tenemos en cuenta, por ejemplo, el artículo 60 de la Convención de Viena sobre el derecho de los tratados.

La verdadera razón que subyace tras esta repentina orden es evitar que la selección palestina de fútbol comience a disputar partidos en su propio estadio. Israel quiere jugar la Eurocopa y que los clubes israelís participen en las competiciones UEFA, y sin embargo niega a la selección palestina su derecho a jugar partidos como local.
No es ésta la primera vez que Israel actúa de esta forma. El 30 de marzo de 2006, el Estadio Nacional Palestino de fútbol, ubicado en Gaza, fue bombardeado por la aviación israelí, y tras ser reconstruido por la propia FIFA, el ejército israelí lo destruyó completamente en el mes de abril.

Dada la actual situación, quiero desde aquí pedir a todo el mundo que se movilice para que el estadio de Ramallah no sea derribado. No dejemos que los errores de la historia vuelvan a repetirse. Es preciso que la FIFA y la UEFA expulsen a Israel de todas las competiciones en las que participa hasta que no se revoque la orden de demolición del Estadio de Ramallah. En lugares ocupados, el fútbol se convierte en una gran pasión que libera temporalmente del sufrimiento. Por eso, la FIFA ha de actuar, en honor al fútbol y al fin de la ocupación.

Querido lector, usted no se preocupe por estas menudencias. Sé que la Champions League es más vistosa si juega el Macabbi Haifa, y que la Euroliga de baloncesto no sería lo mismo sin el Macabbi Tel Aviv. Por lo tanto, usted no se movilice, no envíe una carta de queja a la FIFA, porque a usted estas cosas no han de preocuparle. Síentese en el sofá, encienda la tele, y disfrute del fútbol mientras saborea un delicioso café.

domingo, 26 de julio de 2009

Hogar robado

Wisam nació en el campo de refugiados de Jenin hace 26 años. Para matar el aburrimiento, la familia se reunía por las tardes en la única habitación de la casa y su abuela les contaba historias de Haifa, el lugar en el que residían antes de que la ciudad fuera ocupada por Israel. Hablaban de la preciosa bahía, de las gentes del lugar, del olor a mar, de las cuestas de la ciudad...En 1948 toda la familia fue expulsada del hogar, y tras varios años sin rumbo, se asentaron en Jenin, al norte de Cisjordania.

Me recibe en Ramallah, en su despacho del Panorama Centre, una asociación palestina que busca democratizar el país para prepararlo para la paz. Viste ropa de marca y en su cara asoma una sonrisa de satisfacción, como quien ha salido de la miseria del campo de refugiados y ha triunfado en la capital. Además, saca a su familia adelante.

Tras un intercambio de saludos, Wisam me cuenta orgulloso la gran hazaña de la semana pasada. En el Panorama Centre organizaron un viaje a Haifa para que jóvenes palestinos pudieran ver el lugar de donde proceden sus familias, y que les fue expropiado por las armas. Wisam tuvo la suerte de poder acompañar al grupo. Tuvieron problemas al cruzar la frontera israelí, a pesar de que contraban con un permiso para ese día, pero tras la humillación habitual en el checkpoint, pudieron llegar a Haifa.

Nada más pisar la tierra, sus lágrimas se fundieron con el agua del mar, y el tiempo se detuvo. No era un llanto de rabia, de odio, de rencor, sino de emoción, de felicidad, que por fin y por poco decide salir a relucir. Luego se tornó en tristeza, al ir constatando que nada quedaba ya de aquellos lugares de los que le habló su abuela. Altos y modernos edificios inundan ahora la ciudad, y las casas de los antiguos habitantes palestinos han sido borradas del mapa. Se dio cuenta de que lo más probable es que su abuela no pueda volver allí. Mejor, casi mejor. Ni siquiera la naturaleza está inalterada. Las playas están rodeadas de muro y alambrada, y sólo se puede acceder pasando un control policial.

La conversación sigue por otros derroteros. Wisam se interesa por España; me pregunta por el problema del agua -también muy patente en Palestina- y si finalmente se realizó el trasvase del Ebro. También comenta el creciente papel de la mujer en todas las esferas de la vida española. Pero lo que más me impactó fue su frase de despedida, que refleja muy bien el sentir del pueblo palestino: “Mira Dani, a mí me da igual si se soluciona el problema estableciendo 1, 2 ó 16 Estados. Yo no quiero ganar, ni que me Israel me pida perdón o me indemnice por las propiedades que robó a mi familia. Lo único que yo quiero es poder moverme libremente por el territorio en el que vivo, ir al mar, al desierto, al lugar de donde procede mi familia...”

El de Wisam es sólo un rostro de los 8 millones de refugiados palestinos que hay en la actualidad. Querido lector, gracias por tu tiempo. Espero que esta historia no te amargue tu plácido día, y que disfrutes del café.